Rocío es una chica increíble. Es muy feliz. Siempre aparece con una sonrisa y contando la multitud de experiencias que ha vivido durante el día, la semana, el mes. ¡Y no son pocas!
Ella practica equitación, estudia inglés, viaja siempre que puede para conocer los lugares que le gustan, disfruta pasando tiempo con su familia, amigos, y algunos días, me visita en la piscina para practicar natación.
Durante este tiempo juntas, me ha enseñado mucho. Me ha enseñado a apreciar la vida, a disfrutar los pequeños detalles, a luchar por mis sueños. Todo ello, gracias a fuerza que transmite, ganas de luchar, de seguir adelante y de conseguir todo lo que se proponga. Todo eso que, a veces, nosotros nos cansamos de hacer. Superando lo que algunos creen que no puede lograr.
Rocío tiene discapacidad intelectual y se siente muy orgullosa de decirlo. Pese a sus dificultades, y con la ayuda incansable de su querida madre, ha logrado finalizar la carrera de Magisterio, que tanto le gusta.
¡Qué agradecida está Rocío a su madre!- Es mi madre, la que ha creído siempre en mi y me ha dicho que puedo conseguir lo que quiera, independientemente de mi discapacidad - comenta Rocío, siempre que habla sobre ella.
Y tiene toda la razón, ¿qué diferencia existe entre Rocío y alguien sin esta discapacidad? La única que puedo apreciar es la de que Rocío ha debido trabajar mucho más que nosotros para conseguir la misma titulación que tendremos en unos meses.
Veo afán de superación. Ese que nos falta a nosotros en muchas ocasiones, por pereza. Puedo ver sueños hechos realidad, que nosotros dejamos pasar sin darnos cuenta de lo valiosos que son.
Aprendamos de Rocío a valorar los pequeños triunfos de la vida. Porque aunque creamos que fácil han llegado a nuestras vidas, otros han recorrido un gran camino para llegar al mismo lugar.
Comentarios
Publicar un comentario